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lunes, 4 de abril de 2011

Momento



No fue un sueño.
El arroyo de deshielo se desplomaba por la ladera de roca pulida,
la luz de la tarde huía en ocre,
el suelo del bosque crujía, alfombrado de hojas de haya de otros años.
Y allí estaba yo: un imbécil vestido de Decathlon.

No fue un sueño.
El arroyo de deshielo rugía hacia su destino,
el atardecer se dejaba ir, empeñado en dorar las piedras
que goteaban brillantes cubiertas de liquen y musgo.
En el suelo del bosque, entre los arbustos,
un gorrión confiado hacía los sonidos que hacen los gorriones.

Os juro que no fue un sueño.
Estaba allí: un bobo embobado venido de otro mundo (casas, luces, semáforos…)
y casi de otra época.
Y no me sentía un espectador: ¡yo era también eso!
El arroyo, la roca, el gorrión, el musgo, la hoja y mi pensamiento.
“El arroyo de haya se desploma por la ladera de gorrión dorado”
“El atardecer de agua deshiela rugiendo ese musgo confiado”

Una voz dulce, amiga, sensata, sugirió: “¿Seguimos?”.
Estaba anocheciendo y quedaba mucho camino.

No fue un sueño.
Fue tan verdad como la sensación de una caricia, un dolor, un orgasmo.


jueves, 10 de marzo de 2011

Eternidad

Quizá feliz en la inmolación, utilizado como arma cruel por otros que sonríen en la cómoda distancia de sus hogares, un hombre se mezcló ayer con los asistentes a un entierro en Pakistán e hizo explotar la carga explosiva que llevaba adherida a su cuerpo, provocando numerosos muertos. Esta es la noticia

Ese hombre y sus víctimas inocentes perdieron ayer todo lo que eran y todo lo que hubieran podido llegar a ser. No creo en su cielo de huríes entregadas y probablemente los que le enviaron al sangriento sacrificio tampoco. Si existiera esa eternidad prometida, renuncio desde ahora mismo a cualquier porción de ella. (*)




Estanque detenido para él, recorre en silencio el tiempo sin límite, como una sombra. Nosferatu, el “no muerto”, el demonio torturado cuya paternidad comparten Stoker y Murnau, acompañado para siempre del olor agrio de su putrefacción, ni siquiera siente ya la emoción del mal que representa, de la sangre, del dolor absurdo que genera.
Es eterno, pero ¿quién le envidiaría?. (**)


Y ¿qué decir del “más allá” cristiano que, si somos buenos, nos promete celeste hilo musical, nubecitas de algodón, visión beatífica de Dios y resurrección en alma ¡y cuerpo! (***)?. Parafraseando a Serrat, esa utopía de vida futura, si no fuera tan dañina, nos daría risa.




Pequeñas eternidades de andar por casa:
Queda dicho que no espero una eternidad “personal”. Yo creo en pequeñas prolongaciones de la vida, en unas pocas “eternidades” caseras, modestas, de andar por casa.
Creo que lo que hacemos sobrevivirá limitadamente, para bien o para mal, en el recuerdo de los que compartieron el tiempo con nosotros. 
Creo también que somos transmisores de nuestra valiosa información genética: la clave que permitirá nacer a cualquier hombre del futuro y también la esencia de lo que nos hace irrepetibles. El impulso asociado a ese “prolongarse en otros” es el motor fundamental, consciente o inconsciente, de nuestra conducta. Este es el momento adecuado para pedir disculpas a mis descendientes por algunos fragmentos de ADN francamente impresentables. Lo siento sinceramente, no tenía otros.
Estoy convencido también que cada pequeño gesto de bondad o de amabilidad y, por supuesto, cada muestra de hostilidad o de crueldad, se propagan y tienen efecto en la conducta de quienes los reciben o los sufren. Esos comportamientos también afectan a su actitud para con otros y se extienden como una onda. Hacemos el mundo mejor, en un sentido muy real que afecta a los hombres del presente y el futuro, cuando dejamos pasar al peatón dubitativo del paso de cebra. (Yo no lo he hecho esta apresurada mañana).


Me anticipo a la objeción obvia. A mí tampoco me consuelan esas “eternidades” impersonales, que no satisfacen, más que muy levemente, nuestra ansia de permanencia. No tengo respuesta. El que necesite para vivir (¡o para dormir!) creer en cualquier ridícula promesa de felicidad futura, que lo haga. Hay una amplia oferta de “vidas eternas” a su disposición.
Como tantas veces, no encuentro a nadie que exprese mejor que Carlos Marzal el deseo de perdurar:  “Si ese cielo fuera otro momento para decir lo nunca dicho, otra noche en su cama hasta matarnos,…regresaría incluso como un perro tirado en la basura”





“La edad del paraíso” (fragmento)
Supongamos que exista -argumentaste-
ese lugar que el hombre ha ambicionado,
desde que al primer hombre le ofendió
la luz, que se perdía; el tiempo, que no vuelve;
…
Supongamos.
¿Qué es ese Nolugar,
ese Jardín, qué es ese Paraíso?
Parece en los relatos
un limbo insoportable de fantasmas,
un lugar en el cual no existe la inquietud,
porque no existe nada de lo cual inquietarse.
Y, dime, en ese caso,
¿a qué viene desear otra infancia,
una sabia vejez? La juventud candente,
dime, ¿a quién le importa?
Ahora bien, si ese Cielo,
fuese un trasunto nuevo de esta vida,
una nueva ocasión donde enmendar
nuestro propio fracaso, en el fracaso
total de la existencia; otro momento,
para poder decir lo nunca dicho,
otra noche en su cama hasta matarnos,
otro viaje, otro trago y otro precio,
ya veis, a fin de cuentas, otra vida
sin fin y sin castigos; en ese caso, pues,
poco me importa volver para ser niño
otras mil veces más, o regresar
como cualquier anciano, como un joven sin tregua,
porque regresaría incluso como un perro
tirado en la basura.

Pero de lo contrario no contéis conmigo,
pasad la página, apagad la luz,
conceded mi rincón a quien quiera ocuparlo,
y a mí perdedme luego,
en ese otro lugar en donde nada existe
y que es más viejo aún que el Paraíso.

Carlos Marzal


(*) Según el representante de Hamás, hay 2.5 millones de huríes en un palacio del paraíso, esperando entregarse a los profetas, a los justos, a los mártires. 
Procuraré tener en este mundo el sexo necesario para no echarlas de menos.


(**) Hablo de “paternidad compartida” porque preparando esta entrada he leído que los productores de la película de Murnau (“Nosferatu”, 1922) quisieron adquirir los derechos de “Drácula”, la novela de Bram Stoker, pero no tuvieron éxito en su empeño, y decidieron simplemente plagiarla. La viuda de Stoker los demandó con éxito por este hecho.
Esa indignidad de los productores nos ha legado: una película excepcional, el nombre del vampiro que ellos inventaron (creo que nadie conoce a partir de qué) y la poderosa imagen del monstruo, que se ha incorporado a nuestra iconografía y que resulta tan diferente del elegante "Drácula".


(***) Desde niño me he preguntado esa resurrección del cuerpo ¿a qué cuerpo se refiere?. Hoy me pregunto también: ¿la eternidad afecta a la muela que perdí hace unos años?, ¿estaré condenado a sufrir mi contractura muscular para siempre?. De hecho, los transplantados deben estar preparados para una dura pugna por el órgano compartido.


                                                --- * --- * --- * --- * --- * 


El vídeo que sugiere el comentario de la "princesa río", correspondiente al "Drácula" de Coppola, igual de inmortal que el de Murnau, pero tan diferente...




domingo, 12 de diciembre de 2010

Valientes (II)




Esta es la segunda entrada dedicada a los ejemplos de coraje femenino de los que he sido testigo en los últimos tiempos. 
Las mujeres a las que me refiero confirman que, junto al horror, convive en nosotros esa capacidad para conformar el mundo y nuestra vida: una pelea siempre perdida y ganada a la vez.

En un poema excepcional, refiriéndose a un niño no nacido, Carlos Marzal escribe: "no intuyes...de qué furiosa raza formas parte".



                                  (Para Pau, que me ha oído recitarle este poema antes de que naciera)
Nasciturus
Mientras ocupas de aposento el agua, 
y en el amor del agua te abandonas 
a tu despreocupada travesía, 
como pompa de jabón quimérico, 
sin memoria de ti ni de este mundo, 
perteneces al mundo en su memoria, 
porque en la tierra firme alguien te sueña. 

En germen, y ya en marcha, 
en esbozo, y ya en obra,
                                       mientras duermes
en el conjetural jardín de la inocencia 
y al egoísmo de vivir te aplicas, 
eres la historia entera de los hombres, 
metáfora de todo lo increado, 
ascua de certidumbre en lo imposible. 


Has negado la nada, aun siendo nadie, 
has abrazado el ser, sin ser tu mismo;
en la fragilidad de tu letargo, 
se gesta, inquebrantable, nuestro orgullo, 
nuestro destino en pie, 
nuestra disposición a las alturas. 


Al mecerte 
en tu oquedad marítima, no intuyes 
de qué indómita herencia ya eres dueño, 
de qué furiosa raza formas parte. 


Algo que desconoces te ha forjado 
alegre en el dolor, sabia en la noche, 
criatura fluvial, 

                             allá en tu limbo. 


Carlos Marzal



Valientes (I)







He tenido estos últimos años la oportunidad de asistir, como espectador implicado, al ejemplo de coraje que han dado algunas mujeres de cuya amistad me enorgullezco.
A pesar de encontrarse en situaciones personales complicadas, en algunos casos (no exagero) simplemente terribles, las he visto defender con firmeza, ante el entorno, lo que son, lo que las define. Las he visto florecer con altibajos. He sido testigo de cómo daban una oportunidad a su vida.
Reconforta, con el paso del tiempo, seguir viendo en el fondo de sus ojos esa dignidad personal. Reconforta seguir viendo en sus sonrisas que se puede seguir estando vivo sin arrepentirse por ello, a pesar de todo.
Esta entrada y la siguiente están dedicadas a ellas.




Siempre me ha gustado este poema de Juana de Ibarbourou sobre el valor femenino. Confieso que, a veces, me hubiera gustado bajarlas en brazos "cual conquista de vándalo".


Rebelde

Caronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman o lloren,
y bajo tus miradas de siniestro patriarca
las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,

Yo iré como una alondra cantando por el río
y llevaré a tu barca mi perfume salvaje,
e irradiaré en las ondas del arroyo sombrío
como una azul linterna que alumbrara en el viaje.

Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.

Y extenuada de sombra, de valor y de frío,
cuando quieras dejarme a la orilla del río
me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.




martes, 7 de diciembre de 2010

De corazón, gracias.

Estoy profundamente agradecido a los que, sin amarme, en un momento u otro de mi vida, han querido compartir conmigo su tiempo, su pena o alegría, una lectura interesante en voz alta, cine, un viaje, música, cariño o sexo. Las cosas, en resumen, que me recuerdan que estoy vivo cuando esa verdad esencial se adormece en lo cotidiano.


"Ajedrez al atardecer" (otra de las cosas que he compartido con placer):






Szmborska, con su verso corto y su vocabulario sencillo, lo explica muy bien.
Imagino al traductor (¡pobre!) intentando sin conseguirlo encontrar una forma elegante de decir "no-lírico" y "no retórico"...


Agradecimiento

Debo mucho
a quienes no amo.

El alivio con que acepto
que son más queridos por otro.

La alegría de no ser yo
el lobo de sus ovejas.

Estoy en paz con ellos
y en libertad con ellos,
y eso el amor ni puede darlo
ni sabe tomarlo.

No los espero
en un ir y venir de la ventana a la puerta.
Paciente
casi como un reloj de sol
entiendo
lo que el amor no entiende;
perdono
lo que el amor jamás perdonaría.

Desde el encuentro hasta la carta
no pasa una eternidad,
sino simplemente unos días o semanas.

Los viajes con ellos siempre son un éxito,
los conciertos son escuchados,
las catedrales visitadas,
los paisajes nítidos.

Y cuando nos separan
lejanos países
son países
bien conocidos en los mapas.

Es gracias a ellos
que yo vivo en tres dimensiones,
en un espacio no-lírico y no-retórico,
con un horizonte real por lo móvil.

Ni siquiera imaginan
cuánto hay en sus manos vacías.

"No les debo nada",
diría el amor
sobre este tema abierto.


      W. Szymborska

martes, 22 de junio de 2010

Inicio

La verdad es que no tengo la más remota idea de a qué lugar me llevará este camino.
Eso es probablemente lo que incita a iniciarlo.

Para empezar, un poema esencial de un libro de cabecera y una foto de un "inicio": amanece en Penyagolosa.


Nada es lo mismo
                                                        
                                         La lágrima fue dicha...

Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.
¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?
No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:
Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

                      "Palabra sobre palabra" 
                           Ángel González